a cura d'Enric Baixeras Sastre
signatura saumells

En el barro puro y los metales nobles hay signos acordes al uso litúrgico. Saumells se valió de ellos al crear vasos sagrados. A veces los adornó sobremoldeando escenas en ellos, como por ejemplo la del padre y el hijo pródigo.

Puede parecer que producir piezas pequeñas es una tarea secundaria. No obstante, artistas conocidos y de categoría, como Martorell o Mercadé, obraron piezas muy excelentes, al límite del art déco, y, un tiempo después, Lluís Saumells a su albedrío. Se ocuparon de ello por un motivo que vale para todos: la escultura es cara. Gracias a que las obras pequeñas cuestan poco, muchos nos podemos dar el gusto de adquirirlas. Disfrutamos viéndolas en casa, aposentadas en el lugar de nuestros dioses lares.

Saumells, si por un tiempo doró mitos simbólicos como los gigantescos Thales y el soldado de la Batalla del Ebro, en otros hizo obras valiosas de tamaño pequeño: panelitos, medallas, cabezuelas, figuritas, de cerámica, gres, metales preciosos y esmaltería de colores, túrgida y reluciente. Las figuras llevan el expresionismo del autor en sus detalles y en el tratamiento espacial y arbitrario del contorno.

Una de las piezas diminutas, la imagen del Anacoreta (arquetipo ―hombre o mujer― del Saumells de la soledad, penitente flaquísimo, de osamenta holgada, avalado por el ayuno), nos encomienda una idea irreal, inaprehensible. Hacernos nuestro el misterio, tener en nuestras manos la figura del profeta, puede convertirse en una gloria o un roce con el calor humano del artista amigo, que nos buscaba con el pensamiento.

© 2010 Museu d'Art Modern de Tarragona